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Una economía para lo complejo… y para lo que no sabemos

por Javier Fernández y Concepción Piñeiro

El modelo económico hegemónico se ha apoyado en una serie de lógicas relacionadas con el pensamiento de la ciencia positiva, con la cosmovisión científica de occidente. Ésta cosmovisión, instaurada en la modernidad, partía de una determinada forma de aproximarse a la realidad, de mirarla, entenderla, describirla y, por lo tanto, de construirla. Una visión basada en principios como el orden o la linealidad, que crean una ciencia reduccionista y mecanicista, como bien nos alumbra María Novo en su libro El Desarrollo Sostenible,su dimensión ambiental y educativa.

El pensamiento reduccionista lo que pretende es aislar el elemento que se estudia del entorno. Diseccionar y fragmentar la realidad en pequeñas partes sin luego integrarlas para valorar su funcionamiento en conjunto, sacando conclusiones sin considerar las relaciones entre las partes, y entre éstas y el todo en su conjunto. A su vez, el pensamiento reduccionista funciona otorgando a cada causa un efecto de forma lineal. Esta lógica de la linealidad está ligada a la idea de orden. Si el mundo funciona de una forma lineal podemos crear principios universales que siempre se cumplan como, por ejemplo, los principios de la física newtoniana. Una física que entiende la naturaleza como una máquina, como algo ordenado y previsible.

El sistema económico capitalista ha utilizado estas ideas de orden y linealidad en su propia concepción, por ejemplo, los conceptos de oferta y demanda siguen una lógica lineal. A su vez, a la economía capitalista le ha venido muy bien la idea de que la naturaleza y los sistemas humanos son como una máquina, ordenada, con la que se puede hacer lo que se quiera: trocearla, descomponerla, etc., sin preguntarse los por qué, con la idea de que ella, por si sola, volverá a su orden.

Estas ideas reduccionistas y mecanicistas son muy apropiadas para estudiar objetos mecánicos, pero cuando nuestro campo de actuación son los sistemas vivos (tanto los ecológicos como los sociales) el asunto se complejiza. En palabras de María Novo, éstos son los “excesos” de la modernidad: el utilizar principios o ideas que estaban pensadas para un determinado campo (como es la mecánica) y extrapolarlas al trabajo con los sistemas vivos. Además, estas ideas, junto con una serie de valores asociados, nos han encaminado al dominio actual sobre la naturaleza y sirven para defender modelos sociales jerarquizados.

Son ya muchas las autoras y autores que han trabajado en torno a otras ideas y principios que se ajustan mucho más al funcionamiento de los sistemas vivos y al mundo contemporáneo. Sería importante incorporar estos principios en la construcción de una economía que pretenda cuidar a los sistemas vivos (tanto los sociales como los ecológicos). Algunos de estos principios se basan en ideas de la complejidad y de la incertidumbre. La complejidad nos hace entender, entre otras cosas, que no podemos reducir a comportamientos lineales lo que sucede en nuestros sistemas, que tenemos que considerar las variables del contexto, observar los procesos y flujos; así como la importancia de integrar múltiples enfoques y diversas aproximaciones en nuestra mirada a la realidad. Por otra parte, la idea de incertidumbre nos hace pensar que nuestros sistemas no trabajan con certezas sino desde probabilidades, nos hace entender que vivimos en un entorno cambiante y que el azar es algo importante a tener en cuenta en nuestras planificaciones.

Una economía que no ponga en el centro la acumulación de capital sino el sostenimiento de la vida. Una Economía Social y Solidaria que quiera plantear alternativas, debería alejarse de las ideas de orden y linealidad para incorporar en sus planificaciones, análisis y propuestas estas aproximaciones de lo complejo y de lo incierto. En este punto cabe preguntarnos, ¿cómo diseñar una economía para lo complejo, para lo que no sabemos, para lo incierto? ¿Cómo podemos incorporar la complejidad y la incertidumbre en nuestras redes, proyectos y organizaciones que funcionan en desde la Economía Social y Solidaria?

Por supuesto que no hay una respuesta única y que no podríamos dar la solución rápida a estas preguntas, pero hemos querido comenzar las reflexiones con una experiencia concreta. Desde Altekio, y en el marco del proyecto europeo PACTES (transferencia e innovación en la Economía Social y Solidaria) junto con nuestras compañeras de Proempleo, Andaria y las organizaciones socias del proyecto ubicadas el Alemania, Bélgica y Francia, desarrollamos el pasado 18 de marzo, en Medialab-Prado, unas jornadas colaborativas para dibujar unos Escenarios de futuro para la Economía Social y Solidaria a escala europea. Dicha metodología de investigación –escenarios de futuro– que venimos desarrollando desde hace unos años en diversos proyectos, es una herramienta que nos ayuda a incorporar la complejidad y la incertidumbre en áreas de interés.

Los Escenarios de Futuro los construimos a partir de dos ejes que configuraban el tablero de juego sobre el que partir. Dos factores que, a priori, nos parecían importantes, inciertos y sobre los que tenemos poca capacidad de maniobra para el futuro de la Economía Social y Solidaria (ESS): La orientación de las políticas publicas favorables o desfavorables a la Economía Social y Solidaria, y el aumento o disminución de los valores relacionados con la justicia social entre la ciudadanía.


Estos factores nos permitieron construir 4 escenarios diferentes (a partir de la relación entre ellos). Estos escenarios los llamamos: Green Decadence (E1), “Good Life Economy (E2) “Money rules” (E3), Two Worlds in one Society: Communities and privatization (E4). Cada escenario está construido a partir del diálogo, de una forma compleja, interrelacionando diversos factores que pueden afectar al desarrollo de la ESS. Estos factores son aspectos concretos de carácter psicosocial, sociopolítico, científico-tecnológico, demográfico, ambiental y económico. Como resultado concreto, elaboramos unas narrativas que cuentan cómo sería la ESS en Europa en 2035 en cada uno de esos escenarios y en relación a estos factores, y cómo hemos llegado desde 2014 a esa situación en 2035. El resultado son cuatro imágenes que nos inspiran para ver con mayor claridad qué aspectos de esos futuros son deseables y cuáles no. Algo que es fundamental a la hora de tomar decisiones en este contexto complejo e incierto que vivimos.

Para incorporar esa complejidad en nuestras redes, entidades y proyectos, este proceso pone en el centro el diálogo de saberes, que nos permitan aumentar las conexiones, de manera que podamos tener una mayor resiliencia. Esa capacidad para adaptarnos a diferentes futuros hará de la Economía Social y Solidaria una propuesta más perdurable. Es por ello que consideramos que, para continuar diseñando una economía resiliente y resistente, adaptada a los enfoques del nuevo paradigma y a las características de la sociedad contemporánea, esta podría ser una pequeña aportación.

 

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